El arte de Román De Castro suelen mostrar un estilo peculiar, con rostros sin revelar, objetos cotidianos o frases que acompañan cada composición. Detrás de esa propuesta existe un proceso creativo donde el cine, la escritura y la observación convergen. En entrevista con GenHack, el artista nos comparte cómo surgió esa forma de trabajar y la visión que guía cada una de sus obras.
El inicio de Román de Castro en el arte
Román De Castro creció entre dos países totalmente diferentes, México y Brasil. Estudió cine y fue durante la pandemia cuando comenzó a pintar y compartir su trabajo de manera pública, una decisión que surgió de forma inesperada.

A diferencia de muchos artistas, recuerda que durante su infancia el arte no despertaba su interés. Prefería los deportes y cualquier actividad que lo mantuviera lejos de las manualidades. Aunque, crecer con una madre brasileña y un padre mexicano, ambos artistas, lo acercaron desde muy temprano a un mundo donde la creatividad siempre estuvo presente.
“Siempre me gustó el cine, aprendía a tocar varios instrumentos de niño. Quería descubrir cuál era mi voz artística, pero pintar era la última, era la que menos disfrutaba.” – menciona Román.
La influencia del cine en su obra
Román explica que muchas de sus referencias vienen directamente del cine. Usualmente encuentra referencias en directores de cine y en la manera en la que una escena puede significar una historia completa sin mostrarla por completo.
“Me gusta pensar que las pinturas que hago son como pequeños frames de películas.” – expresa el artista.

Por eso, muchas de sus obras presentan objetos propios de la cotidianidad, además, los rostros permanecen ocultos y no se revela ninguna identidad. Su intención es que el espectador contemple aquello que ocurre fuera del cuadro, igual que sucede en las obras cinematográficas.
La escritura como parte de su proceso creativo
En cada una de las pinturas del artista, se observan narrativas escritas. La mayoría de estas frases nacen de un ejercicio cotidiano, él siempre lleva consigo una libreta donde anota ideas, dibuja y escribe pensamientos que aparecen en cualquier momento del día. Después revisa ese material en su estudio para decidir qué ideas se convertirán en una obra.

En comparación con la composición visual, explica que los textos no se tratan de una estructura previamente planeada. Surgen de manera espontánea y se integran a cada pintura como una extensión natural de su proceso creativo.
Del miedo a la capacidad
Su formación fuera de las escuelas de arte hizo que desarrollara una manera de trabajo basada en funcionalidad y experimentación. Utiliza técnicas mixtas con acrílico, lápices de color y crayón porque fueron los materiales con los que se siente cómodo, como una forma natural de expresión.

Con el paso de los años, reconoce que existe una gran evolución en sus piezas, especialmente porque ha perdido el miedo a probar cosas nuevas y dejar atrás los prejuicios por la idea de no haber estudiado pintura de manera formal o profesional.
Creatividad como privilegio
Por encima de vivir del arte, Román considera que uno de los mayores privilegios de su profesión es disponer del tiempo necesario para crear todos los días. Desde su sentir, muchas personas poseen creatividad, pero no siempre cuentan con el espacio para desarrollarse entre tantas responsabilidades de la vida diaria.
“Creo que la creatividad se ha vuelto un poco, un privilegio del tiempo.” – asegura.

Las obras de Román De Castro parten de escenas que a simple vista parecen sencillas, con objetos cotidianos y frases que aparecen en cada lienzo, pero detrás de todo esto existe una mirada influenciada por el cine, la escritura y el saber observar. Su labor artística invita a los espectadores a ver más allá de lo que hay dentro de cada pintura.



