El próximo material sostenible en la industria de la moda, podría estar más cerca de la naturalreza: los hongos.
Un equipo de investigadores desarrolló un textil vivo a partir del micelio de Cordyceps militaris, creando una plataforma que combina estructura, flexibilidad y funciones biológicas programables. El estudio fue publicado en Science Advances el 24 de julio de 2026.

De micelio a tela
El protagonista de esta investigación no es el hongo visible que solemos asociar con las setas, sino su micelio, la red de filamentos que constituye gran parte de la estructura del organismo. Los investigadores utilizaron esta arquitectura para crear láminas cohesivas que pueden manipularse como un material textil.
A diferencia de otros materiales de micelio que requieren procesos que eliminan la actividad de las células, el método desarrollado busca mantener vivo y metabólicamente activo el material después de darle forma. El resultado es una lámina flexible que puede doblarse, retorcerse, cortarse y coserse.
Para aumentar su flexibilidad, los investigadores utilizaron glicerol como plastificante. Incluso demostraron que cuatro tiras estrechas de la lámina, retorcidas para formar una cuerda, podían soportar una carga de aproximadamente un kilogramo.

Un textil que puede cambiar
Lo más interesante del material es que no se comporta como una tela convencional completamente inerte. Al conservar organismos vivos, puede responder a determinadas condiciones ambientales y ser modificado con diferentes funciones.
El equipo utilizó, por ejemplo, levadura modificada para producir pigmentos, permitiendo incorporar color directamente al material. También introdujo Aspergillus niger, un hongo capaz de producir melanina, para crear una capa con capacidad de absorber radiación ultravioleta.
El micelio de Cordyceps militaris también puede volver a crecer cuando recibe nutrientes. Los investigadores aprovecharon esta característica para inducir el crecimiento de nuevas estructuras en zonas específicas de la superficie, creando patrones y demostrando una forma de renovación superficial biológica.
Aquí aparece una de las posibilidades más llamativas del proyecto. Al tratarse de un material que conserva actividad biológica, los investigadores pudieron utilizar nuevos fragmentos de micelio para rellenar zonas dañadas y favorecer su integración mediante crecimiento.

Del laboratorio a una prenda
Para demostrar las posibilidades del sistema, el equipo creó un prototipo de vestido con diferentes láminas de micelio combinadas para incorporar color, patrones y funciones específicas en distintas partes de la prenda, como: patrones generados mediante nutrientes, tejidos autopigmentados y propiedades de autolimpieza.
Uno de los aspectos más prometedores desde el punto de vista ambiental es su comportamiento al final de su vida útil. En las pruebas realizadas por los investigadores, el material mostró una degradación morfológica casi completa en 41 días. Estos materiales podrían resultar especialmente útiles para objetos con ciclos de vida cortos y controlados, como textiles temporales, instalaciones artísticas, exhibiciones o determinados tipos de embalaje.

El futuro de la moda
Aunque la imagen de un vestido hecho de hongos resulta irresistible, todavía estamos lejos de tener prendas de uso cotidiano fabricadas con este material. Los propios investigadores y análisis posteriores señalan retos importantes relacionados con durabilidad, lavado, resistencia al desgaste, comodidad, transpirabilidad, almacenamiento y estabilidad ambiental.
Por ahora, el valor de esta investigación está en demostrar que un material puede ser simultáneamente estructural y biológicamente activo capaz de responder al ambiente en el que se encuentra en lugar de simplemente existir dentro de él.


