¿Y si mirar el futuro con optimismo también fuera una forma de cuidar nuestra salud? La ciencia todavía no permite decir que pensar positivo sea una medicina, pero sí existen investigaciones que relacionan una actitud más optimista con una vida más larga y un envejecimiento más saludable.
Uno de los estudios más relevantes fue realizado por investigadores de Harvard y otras instituciones y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en 2019. El estudio siguió a más de 71,000 personas durante hasta 30 años para analizar la relación entre optimismo y longevidad.

Más optimismo, mayor longevidad
Al comparar a las personas con los niveles más altos y más bajos de optimismo, los investigadores encontraron una asociación consistente con una mayor esperanza de vida.
En las mujeres, aquellas que se encontraban en el grupo con mayor optimismo presentaron un 14.9% más de años de vida estimados que las del grupo menos optimista. En los hombres, la diferencia fue de 10.9%. Estas asociaciones se mantuvieron después de considerar factores demográficos, condiciones de salud y depresión.
El estudio también comparó la magnitud de esta asociación con algunos factores relacionados con la salud. En las mujeres, por ejemplo, nunca haber tenido un diagnóstico de diabetes tipo 2 se relacionó con un 17% más de años de vida y nunca haber tenido un infarto con un 18%. En los hombres, las cifras fueron de 13.1% y 16.6%, respectivamente.
Además, cuando los investigadores incorporaron los hábitos de salud al análisis —como tabaquismo, alimentación y consumo de alcohol— la relación entre optimismo y longevidad disminuyó, pero no desapareció. En las mujeres, por ejemplo, la diferencia pasó de 14.9% a aproximadamente 10.7%; en los hombres, de 10.9% a 9.8%.

¿Se nace optimista?
El optimismo tampoco parece estar completamente determinado por la genética. Investigaciones con gemelos han estimado que aproximadamente 25-30% de la variabilidad del optimismo puede explicarse por factores hereditarios, mientras que el resto está relacionado con factores ambientales y experiencias de vida. Esto no significa que el 70-75% restante pueda modificarse a voluntad, pero sí que el rasgo no está completamente predeterminado.
Y aquí aparece una de las partes más interesantes de la investigación, pues algunas intervenciones psicológicas buscan precisamente desarrollar una perspectiva más optimista.

Cinco minutos para imaginar tu mejor futuro
Una de las estrategias psicológicas propuestas es el ejercicio conocido como Best Possible Self, que consiste en imaginar y escribir cómo sería nuestro futuro si diferentes aspectos de nuestra vida se desarrollaran de la mejor manera posible.
Una revisión sistemática y metaanálisis de 29 estudios y 2,909 participantes encontró que esta intervención produjo mejoras pequeñas pero significativas en bienestar, optimismo y afecto positivo frente a los grupos de control.
Esto no significa que visualizar cinco minutos al día vaya a garantizar una vida más larga. Lo que sí sugieren estas investigaciones es que la forma en la que imaginamos nuestro futuro puede ser un componente modificable del bienestar a largo plazo.


