Los cold plunges se han convertido en una de las prácticas más populares dentro del mundo del wellness y la optimización del rendimiento físico y mental. Cada vez más personas incorporan este estímulo a sus rutinas con la intención de mejorar su concentración, energía y bienestar. Pero ¿qué ocurre realmente en el cerebro y el cuerpo cuando la temperatura desciende?
Andrew Huberman, neurocientífico y profesor de la Universidad de Stanford, ha dedicado varios episodios de su pódcast Huberman Lab a explicar los mecanismos fisiológicos detrás de esta práctica.
La respuesta del cerebro ante el frío
Cuando el cuerpo entra en contacto con agua fría, activa mecanismos de adaptación para responder al cambio de temperatura. Una de las primeras reacciones es la activación del sistema nervioso simpático, responsable de preparar al organismo para responder ante situaciones que requieren atención inmediata.
Este proceso provoca la liberación de catecolaminas, entre ellas la adrenalina y la noradrenalina. Estas sustancias participan en la respuesta de alerta del organismo y pueden producir cambios en la frecuencia cardiaca, la respiración y el nivel de activación mental.
Por eso, al sumergirse en un baño de hielo, es común experimentar una respiración acelerada y una sensación repentina de intensidad física. De acuerdo con Huberman, esta respuesta neuroquímica es uno de los mecanismos que podrían explicar por qué algunas personas perciben una mejora temporal en su energía y estado de ánimo después de exponerse al frío.

Dopamina, energía y concentración
Uno de los aspectos que más destaca Huberman es la relación entre la exposición al frío y la dopamina, un neurotransmisor involucrado en la motivación, el aprendizaje y la regulación del movimiento, entre otras funciones.
El neurocientífico suele citar un estudio publicado en 2000 en la revista European Journal of Applied Physiology, que examinó las respuestas fisiológicas de personas sumergidas en agua a distintas temperaturas. En la condición de agua a 14 °C, los investigadores observaron aumentos importantes en las concentraciones plasmáticas de noradrenalina y dopamina.
Además de sus efectos fisiológicos, Huberman plantea que la exposición deliberada al frío puede funcionar como una oportunidad para practicar la regulación de la respuesta al estrés.
La incomodidad que genera el frío obliga a prestar atención a las sensaciones corporales y a gestionar el impulso de abandonar la situación. Desde esta perspectiva, mantener la calma y controlar la respiración durante una experiencia breve y segura puede servir como ejercicio de autorregulación.

El frío como herramienta de bienestar
Los cold plunges permiten explorar cómo un estímulo físico puede activar el sistema nervioso e influir temporalmente en la energía, la concentración y el estado de ánimo. Sin embargo, sus efectos no son iguales para todas las personas y todavía se necesita más investigación para comprender sus beneficios a largo plazo.
Más que una solución universal para el bienestar, la exposición al frío puede ser una herramienta complementaria dentro de un estilo de vida saludable. Antes de incorporarla a tu rutina, especialmente si tienes alguna condición médica, consulta a un profesional de la salud.


