El lugar donde vives podría ser la razón por la que nunca te sientes bien, por la que siempre vives enfermo o por la que simplemente no encuentras un estado de paz.
Tu hogar como el verdadero rival
Ocasionalmente creemos que la enfermedad llega desde el exterior, de la calle, de la comida de fuera, de los espacios ajenos que visitamos, la contaminación, los virus según la temporada del año o el clima, pero, ¿me crees si te digo que el lugar donde pasas más tiempo (tu casa) es lo que afecta a tu salud?

Según ScienceDirect, estudios científicos han demostrado que el hogar puede convertirse en el foco de los problemas físicos, y no sólo eso, también problemas emocionales.
Los enemigos invisibles
El polvo que se acumula en el piso, alfombras, colchones o muebles, no es tan inofensivo como parece. En dicho polvo de aspecto gris se ubican los ácaros, que son diminutos organismos que liberan partículas que traen como consecuencia las alergias, problemas respiratorios como rinitis, o incluso asma.
Por otra parte, existe el moho, que se resguarda en espacios donde queda la humedad, lugares como el techo, el baño o cualquier lugar donde no existe una ventilación correcta, y además esté expuesta al contacto con el agua. El moho tiene esporas, que son pequeñas células que causan irritación en los ojos, y/o dificultades respiratorias, junto a una tos persistente.

Peludos, adorables y alérgenos
Aunque no nos guste aceptarlo, las mascotas también son un foco de infección con el pelaje, la saliva, pulgas, caspa o cualquier pequeña partícula que pueda salir de los consentidos de la casa. Nuestras mascotas hacen parte del hogar, por lo que también pueden enfermar causando alergias o incluso ronchas y picazón.

Cuando el espacio enferma a la mente
No todo es polvo, ácaros, bacterias y moho. La forma en que organizas tu casa también es un factor que influye en la salud, aunque no precisamente en la física, hablamos de la salud mental.
Por ejemplo, un lugar pequeño, estrecho o con poco espacio puede generar problemas como depresión y estrés, y no se refiere a contar con un espacio reducido de 4×4, sino a un lugar cuya distribución está mal hecha, lo cual no permite ni cupo para la entrada de aire.

El convivir entre familia en lugares así hace que la propagación de virus sea más rápida y fácil, por eso es muy común que un simple resfriado se propague de inmediato de un miembro a otro.
La saturación de objetos o colores en un espacio y la falta de luz natural, generan una sensación de encierro, y hasta cierto punto llega hasta la ansiedad, lo cual afecta notablemente a la salud emocional. Las paredes oscuras o apagadas denotan un reflejo de tristeza.

Cuídate y crea un espacio saludable para ti
Gran parte del problema se puede prevenir si creas un hogar seguro, limpio y con hábitos simples.
- Ventila todos tus espacios, mantén las ventanas abiertas durante un buen tiempo del día, incluso en invierno.
- Controla la humedad asegurándote de que no existan filtraciones de agua, siempre dejando que seque el baño después de usarlo.
- Hacer limpieza semanal de sábanas para cama, ropa, alfombra, sofás, y cualquier superficie donde se escondan los ácaros.
- Elige colores e iluminación adecuada para tu casa, haz que tu casa sea un hogar, y te inspire paz y tranquilidad.
- Cepilla, baña y cuida de la alimentación de tus mascotas, es recomendable acudir con un especialista.
- Ordena y despeja los espacios de tu hogar para que todos los miembros vivan libremente.

Recuerda que la salud empieza desde casa, tu hogar puede ser un refugio o un foco silencioso de malestar, todo depende de cómo la cuidas y adaptas a tus necesidades físicas y mentales.



