A los 17 años, Sebastián García se lanzó a una aventura que lo llevaría a volar más rápido que nadie en todo el mundo. Hoy posee el récord mundial de velocidad en caída libre y continúa entrenando para superarse a sí mismo. Su historia refleja una disciplina que exige control, precisión y pasión por el aire.
Desde sus primeros intentos en México hasta su entrenamiento en Europa, el paracaidista de origen mexicano y sangre española, ha convertido su pasión por la velocidad y las alturas en una carrera profesional. Sebastian revela cómo se vive un salto de 25 segundos, qué es lo que pasa por su cabeza antes de realizarlo y por qué su meta final es el espacio.
Control del viento por medio del Bodyflying
A los 15 años, Sebastián García, saltó por primera vez. Inmediatamente, ese salto se convirtió en un hobby, sin saber que pasaría a convertirse en una pasión. Lo que comenzó como curiosidad se convirtió en su oficio a los 17 años como una forma de entender al movimiento.

En ese proceso descubrió que el cuerpo podía convertirse en una máquina aerodinámica. Aprender a volar dentro del viento lo llevó a especializarse en Bodyflying. Una disciplina que réplica la sensación de caída libre en una especie de superficie cerrada que asemeja la forma de un túnel vertical y funciona por medio de la presión del aire. Fue en Polonia donde empezó a entrenar profesionalmente para mejorar su técnica en velocidad y postura del cuerpo.
El récord que redefine la velocidad
Sebastián cuenta con el récord mundial de velocidad en caída libre o Speed Skydiving, con una velocidad total de 539.51 km por hora. Su marca personal lo coloca oficialmenete como el hombre más rápido del mundo en esta modalidad. Sólo Félix Baumgartner, con su salto desde la estratósfera para Red Bull, ha superado su velocidad, aunque en condiciones muy distintas.
Su próxima gran meta es superar el récord de Félix, con un único propósito, convertirse en el hombre más rápido saltando en caída libre desde el espacio. Sebastián es claro con su objetivo y reconoce que el proyecto requiere de inversión junto a tecnología, y claro, preparación de cuerpo, mente y técnica.
Veinticinco segundos de paz
Desde el momento en que se lanza de un avión, hasta que abre el paracaídas transcurren cerca de 25 segundos. Es el momento clave que define su carrera y su conexión con el vacío del viento. Sebastián afirma que es el tiempo perfecto donde su mente se torna en blanco y tan solo disfruta lo que está pasando mientras cae a gran velocidad.

Esa capacidad de desconexión se refuerza en cada sesión de bodyflying. El túnel le permite practicar la forma en que debe colocar su cuerpo sobre el aire. Así, en ese espacio cerrado encuentra la precisión y la práctica que posteriormente aplica en el aire. Para él, el túnel y el cielo no son opuestos, son extensiones de un mismo entrenamiento.
Entrenar para volar más rápido
Su rutina diaria está marcada por la constancia. Entrenar con sesiones enfocadas en fuerza, precisión y reactividad, que es la forma en que su cuerpo reacciona inmediatamente antes las diferentes direcciones o cambios del viento. En caída libre la clave está en ajustar peso y postura, por eso mismo, para competencia, Sebastián sube hasta cinco o diez kilos con el propósito de un mayor control en las alturas.

Miedo en la disciplina
Sebastián García admite que el miedo nunca desaparece. En su primer salto, dice, estaba aterrado, aún así lo logró y ahora lleva la filosofía de “hay que hacerlo con miedo y simplemente saltar.” Su clave está en la disciplina. Entrenar todos los días, incluso cuando no hay motivación, eso es lo que le ha permitido competir a nivel mundial. Hacerlo con miedo también es parte de proceso.
De YouTube al podio
Lo que comenzó viendo videos de paracaidistas en YouTube terminó posicionándolo en el podio mundial. Sebastián veía a los mejores a través de su pantalla y solo intentaba replicarlo. Su primer competencia fue casi improvisada, no tenía experiencia en la disciplina y aún así decidió competir.
Años después, con una buena preparación y una excelente dedicación, el resultado fue totalmente distinto, ganándose el merecido récord de caída libre en velocidad. Lo que siguió fue la determinación, no solo la euforia por el deporte.

Ahora, con más de 2,000 saltos acumulados en total, Sebastián García se convierte en un ejemplo de pasión por el aire. Gracias a su constancia en el bodyflying, además de su clara determinación y respeto por el aire, es que Sebastián se posiciona como el hombre más rápido en el mundo. El miedo lo convierte en impulso para hacer de la caída libre una forma de volar.



