Bajo el concepto Futuros, la décima edición del Abierto de Diseño CDMX 2026 reúne exposiciones, instalaciones, intervenciones y proyectos que parten de una pregunta central: ¿cómo queremos vivir y qué podemos hacer para cambiar el rumbo que estamos tomando? Del 25 de septiembre al 4 de octubre, el diseño se extiende por distintos espacios de la ciudad y el CENART cómo su escenario principal.
Un recorrido por el CENART
Durante el recorrido, lo que más me impresionó fueron las instalaciones. No solo por su dimensión visual o por la manera en que transformaban los espacios del CENART, sino porque muchas de ellas planteaban preguntas relacionadas con problemas que ya forman parte de nuestra vida cotidiana: la crisis climática, migración, tecnología, la manera en que habitamos los espacios y nuestra relación con los recursos.
Una de las ideas que más se repitió durante mi recorrido fue que el diseño no tiene que limitarse a crear objetos bonitos o funcionales. También puede convertirse en una herramienta para cuestionar nuestro entorno. Por ejemplo, Jugar el camino, mi calle, nuestra calle fue un proyecto que me interesó por la manera de apropiarse del espacio público a través del juego. El colectivo feminista propone —a partir de un carrito de juegos— invitar a las infancias migrantes, desplazadas o en contextos de vulnerabilidad a reunirse en la calle para jugar, aprender y cuidarse.
Además, este año el Abierto incorporó por primera vez a un país invitado: Costa Rica. A través de una instalación al aire libre, una selección de proyectos presentó un panorama del diseño costarricense contemporáneo, mostrando la diversidad de propuestas, materiales y perspectivas que forman parte de su escena creativa.

Diseñar también es imaginar otras posibilidades
Entre las exposiciones que pude recorrer se encuentra Futuros Pánicos. Reimaginar a partir del terror, la muestra central curada por Karla Paniagua y Jorge Camacho. La exposición parte precisamente de algunos de los escenarios que generan incertidumbre sobre el futuro: el cambio climático, la inseguridad, el encarecimiento de la vida, la precariedad y la aceleración tecnológica.
Lo interesante es que la exposición no intenta hacer desaparecer esos miedos. Por el contrario, los convierte en una sala de terapia colectiva, en donde a partir de diferentes espacios de intervención. La intención de la curaduría es darnos cuenta, que aunque nuestros miedos suelen experimentarse de manera individual, en realidad es una experiencia común, que muchas veces experimentamos de la misma forma.
El futuro también está en las aulas
Otro de los espacios que más llamó mi atención fue Laboratorio Académico, una muestra coordinada por Jimena Zárate que reúne procesos de investigación y experimentación desarrollados por distintas universidades públicas y privadas de la Ciudad de México.
Me interesó especialmente encontrar proyectos realizados por estudiantes porque permiten observar cómo las nuevas generaciones están pensando los problemas que van a definir nuestro futuro.

Materiales que también cuentan historias
El recorrido también me hizo prestar atención a los materiales detrás de las exposiciones. En esta edición, por ejemplo, parte de la museografía utiliza POLYROCA, un tablero elaborado con polietileno de baja densidad 100 % reciclado y reciclable, producido a partir de residuos postindustriales de cartón laminado multicapa. Después del desmontaje, los materiales utilizados en algunas de las instalaciones regresarán a la planta para ser reutilizados o reincorporados a la producción.
Este tipo de decisiones puede pasar desapercibido cuando observamos la curaduría de una exposición, pero durante el recorrido se vuelve evidente y relevante.
Una radiografía del diseño contemporaneo
Aunque el CENART es la sede principal, el Abierto no termina ahí. La programación se extiende a museos, estudios, talleres y distintos espacios de la Ciudad de México, incluyendo el MUAC, el Museo Nacional de Culturas Populares, el Museo Yancuic, el Museo de Arte Carrillo Gil, el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo y Universum, entre otros.
Recorrer parte de este festival me dio un panorama general de lo que esta ocurriendo con el diseño en nuestro presente, y más importante, en nuestro país. Cada una de las instalaciones fueron, sin duda, una de las partes que más disfruté del recorrido.
Quizá una de las preguntas más interesantes que plantea el Abierto, no es solamente qué futuro queremos, sino quiénes lo están imaginándo y qué herramientas estamos poniendo en sus manos para construirlo.


