La arquitectura también puede leerse a través de las casas que habitamos. En Ciudad de México existen distintos espacios que permiten acercarse a la historia de la arquitectura moderna desde una perspectiva más íntima: residencias que fueron hogar, estudio y en algunos casos, escenario de procesos creativos.
Estas cinco casas-estudio muestran distintas formas de entender la relación entre arquitectura, arte, paisaje y vida cotidiana.
Casa Ortega
Construida en 1942, Casa Ortega fue una de las primeras residencias que Luis Barragán diseñó para sí mismo. El arquitecto vivió ahí antes de trasladarse a la que posteriormente se convertiría en su casa-estudio, también en Tacubaya.
Uno de los elementos más importantes del proyecto son sus jardines, que anticipan algunas de las ideas que Barragán desarrollaría posteriormente en su arquitectura: muros, recorridos, contrastes de luz y una relación cuidadosamente construida entre los espacios interiores y exteriores.
Actualmente, la casa puede visitarse mediante recorridos programados, lo que permite conocer una etapa menos explorada de la trayectoria del arquitecto.
Casa Estudio Luis Barragán
En Tacubaya se encuentra la casa donde Luis Barragán vivió y trabajó desde 1947 hasta su muerte. El inmueble funcionó simultáneamente como residencia y estudio, y conserva buena parte de los elementos que formaban parte de la vida cotidiana del arquitecto.
El recorrido permite observar su relación con el color, la luz, el silencio y las proporciones, pero también acercarse a sus objetos personales, biblioteca, mobiliario y colección de arte.
La Casa Estudio Luis Barragán es, además, Patrimonio Mundial de la UNESCO y actualmente recibe visitantes mediante reservación.
Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo
Diseñado por Juan O’Gorman entre 1931 y 1932, este conjunto de casas-estudio fue concebido para Diego Rivera y Frida Kahlo y es considerado una de las primeras expresiones del funcionalismo arquitectónico en Latinoamérica.
Las dos viviendas, conectadas por un puente, fueron pensadas para responder a las necesidades de sus habitantes y a su actividad artística. El proyecto también representa un momento de transformación en la arquitectura mexicana, cuando comenzaron a incorporarse nuevas ideas sobre funcionalidad, estructura y espacio.
Actualmente funciona como museo y conserva obras, objetos y documentos relacionados con los dos artistas.
Casa Estudio Conlon Nancarrow
También en San Ángel se encuentra la casa-estudio que Juan O’Gorman diseñó para Conlon Nancarrow, compositor estadounidense que desarrolló buena parte de su carrera en México.
Aquí la arquitectura se encuentra con la música. El espacio fue concebido como vivienda y lugar de trabajo, y mantiene una relación particular con el paisaje y la vegetación que lo rodea.
La casa forma parte del Espacio Nancarrow O’Gorman y puede conocerse mediante visitas guiadas programadas. Más que una casa-museo tradicional, el recorrido permite acercarse a la relación entre el compositor, su obra y el espacio que habitó.

Casa Estudio Max Cetto
En Jardines del Pedregal, la Casa Estudio Max Cetto representa otra manera de entender la arquitectura moderna en México. Diseñada por el arquitecto alemán-mexicano Max Cetto en 1949, la residencia aprovecha las características particulares del paisaje volcánico del sur de la ciudad.
La construcción se adapta a la topografía y a las formaciones de lava del terreno, creando una relación directa entre arquitectura y naturaleza. El proyecto también refleja el encuentro entre las ideas del funcionalismo europeo y las condiciones específicas del paisaje mexicano.
La casa ofrece recorridos programados y visitas con cita previa.
Arquitectura para habitar y crear
Más allá de su valor arquitectónico, estas casas permiten observar cómo la vivienda puede convertirse en un registro de una época y un archivo de la vida de quien la habitó.
Por un lado, Barragán exploró la intimidad, el silencio, la luz y el paisaje; mientras que O’Gorman llevó el funcionalismo a espacios vinculados con artistas y creadores; y por último, Cetto encontró en el terreno volcánico del Pedregal una oportunidad para integrar arquitectura y territorio.
Visitar estas casas es, en ese sentido, acercarse a la arquitectura moderna a través de los espacios donde sus habitantes vivieron, trabajaron y construyeron parte de su mundo creativo.
