Ir al espacio es un tema tecnológico, pero también es uno de los experimentos más extremos sobre el cuerpo humano. Los astronautas de la misión Artemis II han pasado años de preparación, para hacerlos aptos para ir al espacio y regresar a la Tierra.
Una preparación de 18 meses
Antes de despegar, los astronautas pasan por un entrenamiento. Durante aproximadamente 18 meses, está dividido en distintas áreas que se encargan de preparar el cuerpo y la mente.

La primera fase consta en crear una condición física extrema, donde llevan entrenamientos como atletas de alto rendimiento, con rutinas de fuerza para prevenir la pérdida muscular, así como ejercicios cardiovasculares intensos y resistencia prolongada, con la finalidad de crear una reserva física, debido a que en el espacio el cuerpo se deteriora rápidamente.
La segunda fase consta de la adaptación a la microgravedad con entrenamientos en piscinas y trajes espaciales para intentar replicar el movimiento en el espacio cuando no hay peso ni una dirección clara.

En la tercera fase los astronautas pasan horas dentro de réplicas exactas de una nave, donde ensayan cada movimiento dentro de una cápsula, practican escenarios de emergencia y repiten protocolos.
La cuarta fase está enfocada en el entrenamiento mental y psicológico, debido al aislamiento que se presenta al estar en el espacio. Por ello trabajan en la toma de decisiones bajo presión y en la convivencia en espacios cerrados durante largos periodos. También se simulan conflictos, fallas técnicas y situaciones límite para medir reacciones reales.

En la quinta fase uno de los puntos más importantes es el sueño. Los astronautas pueden ver múltiples amaneceres en un solo día, lo que rompe por completo el ritmo natural del cuerpo. Lo principal es ayudar a que el organismo funcione con horarios estrictos de sueño, con rutinas repetitivas antes de dormir para entrenar al cerebro. Además de prepararlos para dormir en espacios reducidos, ambientes con ruido y sin contar con una cama.

La sexta fase es un monitoreo constante del ritmo cardíaco, calidad de sueño, respuesta cognitiva y niveles de estrés. La finalidad es crear una base de datos para comparar los cambios que pasan en el espacio y a su regreso.
Lo que pasa al volver a la tierra
Después de días sin gravedad, el cuerpo ya no sabe cómo funcionar en la Tierra y comienza a tener complicaciones a la hora de caminar o mantenerse de pie sin marearse. Los efectos más comunes son la debilidad muscular, desorientación, falta de equilibrio y fatiga extrema.

Al pasar tanto tiempo sin gravedad al regresar el cuerpo se acostumbra a no cargar su peso, lo que caminar les resulta agotador y los movimientos se vuelven torpes, a pesar del entrenamiento muscular, los músculos pierden fuerza, por lo cual se requiere de rehabilitación física.
Otras de las pérdidas que suelen tener son los minerales en los huesos, la recuperación puede tardar meses o años. La visión experimenta alteraciones en algunas ocasiones que llegan a tener visión borrosa o cambios en la forma del ojo, debido al desplazamiento de fluidos en el cuerpo y la microgravedad.

La mente también cambia, el aislamiento, la distancia y la presión constante hacen que la estabilidad emocional sea clave. Presentan dificultad al reconectar con la rutina diaria y pierden la percepción del día y la noche.



