La inactividad física tiene serias repercusiones en nuestra salud física y mental, aumentando la probabilidad de padecer una enfermedad crónica o muerte prematura.
De la silla al movimiento
En la actualidad, el modo de vida predominante ha propiciado la adopción generalizada de comportamientos sedentarios, asumidos con frecuencia como si se tratara de prácticas naturales e inevitables. Este fenómeno se observa en distintos ámbitos de la vida cotidiana. En primer lugar, los traslados se realizan principalmente a través de vehículos motorizados, lo que reduce de manera considerable la práctica de actividades físicas básicas como caminar o utilizar la bicicleta.

En segundo lugar, tanto en la escuela como en el trabajo se impone una prolongada permanencia en posición sedentaria, generalmente frente a una pantalla, lo que limita los periodos de movimiento activo. Incluso en el tiempo destinado al ocio y a las actividades recreativas, el entretenimiento suele estar mediado por dispositivos electrónicos y plataformas digitales, reforzando la tendencia hacia la pasividad física.
A este patrón de sedentarismo se añaden otros factores característicos del estilo de vida contemporáneo, como la disminución en la duración y calidad del sueño, la exposición constante a elevados niveles de estrés y ansiedad, así como la presión derivada de los ritmos acelerados de producción y consumo. Este entramado de condiciones configura un escenario en el que la inactividad física se combina con prácticas poco saludables, generando consecuencias negativas para la salud integral de las personas. Entre estas repercusiones destacan el incremento de enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la diabetes, la hipertensión arterial, las cardiopatías y diversos trastornos metabólicos.
Más allá de las implicaciones médicas, estas dinámicas reflejan también una profunda transformación sociocultural. El modelo urbano contemporáneo, altamente dependiente del automóvil, junto con los regímenes laborales prolongados y la digitalización de los espacios de interacción social, consolidan estructuras que desalientan la actividad física cotidiana.
Riesgos del sedentarismo
La Organización Panamericana de la Salud (PAHO, por sus siglas en inglés) sostiene que la inactividad física constituye uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial, al contribuir de manera directa al incremento en los niveles de sobrepeso y obesidad de la población. Este problema no solo afecta a los adultos, sino que se manifiesta con especial gravedad en la primera infancia.
En esa etapa del desarrollo físico y cognitivo se consolidan los hábitos de vida que acompañarán a la persona a lo largo de su existencia, por lo que la falta de actividad física en edades tempranas condiciona patrones futuros de sedentarismo y enfermedades crónicas.

Desde 2012, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado estimaciones que permiten dimensionar la magnitud de este fenómeno en términos de salud pública. De acuerdo con dichas mediciones, la inactividad física es responsable de más de cinco millones de muertes anuales a nivel global, situándose como uno de los determinantes más relevantes de la mortalidad evitable.
Las estadísticas resultan aún más alarmantes cuando se analizan los niveles de actividad por grupos de edad: más del 23% de las personas adultas no cumplen con las recomendaciones mínimas de ejercicio físico, mientras que cerca del 80% de los adolescentes permanece inactivo de forma regular. Esta falta de movimiento no solo compromete la salud inmediata, sino que incrementa la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, metabólicas y psicológicas en etapas posteriores de la vida.
En consecuencia, el sedentarismo debe ser entendido como un problema de salud pública de alcance mundial, cuyo impacto excede el plano individual. Las cifras de la OMS y la PAHO evidencian que la inactividad física compromete la sostenibilidad de los sistemas de salud y amenaza con incrementar de manera sostenida la carga global de enfermedades no transmisibles.

Bajo este panorama, la promoción de la actividad física debe colocarse como prioridad en las políticas sanitarias, urbanas y educativas, con el fin de revertir los patrones culturales que naturalizan la inactividad y abrir paso a un modelo de vida más saludable, activo y sostenible.
Beneficios de la actividad física
La OMS ha reconocido que la actividad física es un factor que contribuye a la protección y prevención de enfermedades no transmisibles, tales como las cardiovasculares,la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Asimismo, la OMS considera que la actividad física es benéfica para la salud mental, por su importancia para evitar el deterioro cognitivo, así como los síntomas de depresión y ansiedad.
Estos beneficios a la salud por la actividad física regular son complementados por el desarrollo de aptitudes motoras y cognitivas, como en el caso de los tiempos de reacción, por mencionar alguno. De la misma manera, ofrece la oportunidad de explorar la actividad física estructurada, en una disciplina determinada por ejemplo, o bien bajo estándares no estructurados y propios.
Los beneficios de la actividad física más recurrentes en los informes oficiales de salud son:
- Mejora la condición cardiorrespiratoria y muscular;
- Fortalece la salud ósea;
- Reduce los síntomas de la ansiedad y la depresión;
- Optimiza los marcadores de salud cardiovascular y metabólica.
Por ello, la PAHO sugiere un tiempo mínimo de actividad física diaria de 60 minutos en menores de cinco años. Este promedio varía según la etapa de desarrollo en la cual nos encontremos, aunque no puede ser menor a los 30 minutos diarios, esto considerando además otros factores como una alimentación sana y balanceada, así como un sueño de calidad. Adicionalmente, se recomienda de manera especial que, a lo largo del día mantengamos varios periodos de activación física.

Es importante mencionar que la actividad física no está limitada a la práctica de un deporte en específico, por el contrario, existen varias maneras de mantenerse activo durante el día. De hecho, es recomendable mantener diversos niveles de intensidad en el día, ya sea baja, moderada o enérgica, mediante el juego activo, la marcha, la educación física, o el deporte.
Desde Gen Hack te alentamos a realizar actividades físicas de manera cotidiana, con el fin de evitar alguno de los problemas de salud relacionados con nuestro modo de vida sedentario, ya sea practicando un deporte en específico, o manteniendo pausas activas de nuestras responsabilidades cotidianas.



