Investigadores del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara llevan varios años estudiando si la apitoxina —el veneno que producen las abejas para defenderse— puede potenciar los efectos de uno de los tratamientos más utilizados contra el Parkinson.
Los resultados, publicados recientemente en la revista académica Neuroprotection, son prometedores: en un modelo experimental con ratones, la combinación de veneno de abeja liofilizado, levodopa y carbidopa produjo mejores resultados en el desempeño motor y algunas capacidades cognitivas que el tratamiento convencional por sí solo.
Tratamiento actual del Parkinson
El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente el control del movimiento. Conforme las neuronas de una región cerebral conocida como sustancia negra mueren, disminuye la producción de dopamina; un neurotransmisor fundamental para coordinar los movimientos.
Actualmente, el Parkinson no tiene cura ni existe un tratamiento capaz de revertir su progresión. Sin embargo, la levodopa o L-DOPA continúa siendo uno de los medicamentos más eficaces para controlar sus síntomas motores. El fármaco funciona como precursor de la dopamina y suele administrarse junto con carbidopa, que ayuda a que una mayor cantidad de levodopa llegue al cerebro.

¿Por qué el veneno de abeja?
Los científicos de la Universidad de Guadalajara partieron de una hipótesis: ¿qué pasaría si el veneno de abeja pudiera potenciar los efectos de este tratamiento? La investigación comenzó provocar en ratones una lesión selectiva de las neuronas dopaminérgicas para reproducir algunos de los déficits característicos del Parkinson. Después, los animales fueron divididos en diferentes grupos para comparar los efectos de los tratamientos.
Los resultados mostraron una diferencia entre los animales que recibieron únicamente levodopa-carbidopa y aquellos que recibieron además apitoxina (veneno de las abejas). Mientras los ratones tratados solamente con L-DOPA recuperaron inicialmente parte de su capacidad motora, los animales que recibieron veneno de abeja conservaron un uso más equilibrado de sus patas delanteras hasta el final del experimento.

¿Qué tiene el veneno de abeja?
Pero el efecto no se limitó al movimiento. Los científicos también analizaron la memoria mediante una prueba de reconocimiento de objetos. Mientras que los animales con la lesión perdieron la capacidad de distinguir adecuadamente entre objetos conocidos y nuevos, los ratones que recibieron la combinación con apitoxina mantuvieron una capacidad de reconocimiento comparable a la del grupo sano durante el estudio.
Durante la investigación, los científicos también han identificado en el veneno de abeja diversas moléculas que han despertado el interés de la comunidad científica. Entre ellas se encuentran la melitina, la fosfolipasa A2 y la apamina, compuestos que se han relacionado con propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y con la modulación de la actividad neuronal.

Una inesperada vía de investigación contra el Parkinson
Como explicó Alma Karen Lomelí Lepe, autora principal del estudio, los resultados muestran beneficios conductuales prometedores del veneno de abeja como complemento de la terapia con L-DOPA y carbidopa, pero todavía hace falta investigar los mecanismos que podrían explicar estos efectos.
Por ahora,la abeja no tiene la respuesta definitiva para el Parkinson, pero si despierta el interés para futuras investigaciones sobre terapias complementarias capaz de prolongar o potenciar los beneficios de la levodopa y con ello, mejorar el manejo de algunos de los síntomas de esta enfermedad neurodegenerativa.
