Ubicada en Marlboro, Nueva Jersey, a unos 45 minutos de Nueva York, Sweet Honey Farm nació cuando su fundador Devon Lévesque compró la propiedad y comenzó a transformarla en el lugar donde él mismo quería vivir: rodeado de animales, comida fresca, ejercicio y espacios para recuperarse.
Y lo que comenzó como su proyecto personal terminó convirtiéndose en una comunidad privada de wellness.
De granja a ecosistema de longevidad
La propiedad funciona como una granja real. Cuenta con más de 300 animales entre vacas, caballos, cabras y gallinas, además de un huerto donde se cultivan alrededor de 100 variedades de vegetales. Lévesque afirma que el terreno no ha sido fumigado con pesticidas en al menos 50 años y que la producción utiliza prácticas regenerativas. Parte de los alimentos se destinan al consumo de los miembros y el excedente se distribuye a restaurantes y hoteles locales.
Pero aquí la agricultura no está separada del wellness. La idea es que comer mejor, moverse, pasar tiempo al aire libre y convivir con otras personas sean parte de una misma rutina. De hecho, la propia granja define su propuesta alrededor de tres conceptos: experiencias de granja, amenidades de alto nivel y eventos comunitarios.

El Longevity Barn
En medio de la propiedad se encuentra uno de sus espacios más llamativos: el Longevity Barn, un granero convertido en centro de fitness y recuperación.
Aquí conviven el entrenamiento de fuerza con algunas de las tecnologías que se han convertido en protagonistas del wellness de alto rendimiento: saunas, baños de hielo, terapia de luz roja y cámaras hiperbáricas, además de equipamiento de Technogym. La propiedad también cuenta con piscina de agua salada, canchas de básquetbol y pickleball.
El lujo ya no se ve igual
Quizá la parte más interesante de Sweet Honey Farm no sean sus cámaras hiperbáricas ni sus baños de hielo, sino la manera en que redefine el concepto de exclusividad.
Actualmente, el sitio oficial ofrece una membresía presencial y otra virtual. La primera permite acceder a la propiedad y a sus espacios; la segunda conecta a los miembros con conversaciones y encuentros virtuales organizados por Lévesque.
En enero de 2026 Sweet Honey Farm tenía 197 miembros activos y una lista de espera de 14,000 personas. Los miembros no parecen estar pagando únicamente por tener acceso a un centro wellness de lujo, sino por pertenecer a una comunidad.

Back to basics
Un espacio como Sweet Honey Farm nos hace preguntarnos ¿Y si vivir mejor no dependiera únicamente de añadir más tecnología, sino de regresar a algunos hábitos básicos?
Desde comida cultivada en el lugar, actividad física, contacto con la naturaleza, descanso, recuperación y relaciones sociales. Esta granja redefine la definición actual del wellness, en donde el secreto del bienestar no se encuentra en tecnología de última generación, pero en crear entornos completos donde el bienestar sea una forma de vida en comunidad.


