El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que comienza durante la infancia y puede continuar hasta la edad adulta. Aunque suele asociarse con niños que tienen dificultades para permanecer quietos o concentrarse en clase, sus manifestaciones son diversas y pueden cambiar a lo largo de la vida.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), algunos adultos llegan a esta etapa sin haber recibido un diagnóstico, pese a haber presentado síntomas. En otras personas, la hiperactividad física puede disminuir y dar paso a una sensación persistente de inquietud, mientras que los problemas de organización, atención e impulsividad continúan interfiriendo con sus actividades.
Para conmemorar el Día Nacional del TDAH, revisemos algunos de los mitos que rodean a este trastorno, especialmente aquellos relacionados con su presencia en la edad adulta.
Los mitos que rodean al TDAH
En enero de 2019, el psiquiatra Facund Fora publicó El TDAH del adulto: de los mitos a la realidad. El texto aborda algunas de las ideas que han alimentado la controversia alrededor del trastorno.
Una de las distinciones fundamentales es que: no toda distracción, inquietud o impulsividad constituye TDAH. Estos comportamientos pueden aparecer en la población general, pero un diagnóstico requiere evaluar su persistencia, intensidad, inicio y repercusión en la vida de una persona.
Por eso, reducir el trastorno a una cuestión de voluntad o disciplina puede impedir que quienes experimentan dificultades significativas busquen una evaluación profesional. Al mismo tiempo, atribuir automáticamente cualquier problema de concentración al TDAH también puede conducir a interpretaciones equivocadas.
El artículo de Fora plantea, además, una reflexión sobre la relación entre las características individuales y las exigencias del entorno. Las demandas académicas, laborales y sociales pueden representar obstáculos particulares para algunas personas con TDAH, por lo que comprender sus necesidades también implica considerar qué apoyos y ajustes podrían facilitar su participación.

¿Cómo se manifiesta el TDAH en adultos?
Una de las dificultades para identificar el TDAH en adultos es que algunas personas han desarrollado estrategias para compensar sus síntomas o han aprendido a desenvolverse en entornos que se ajustan a sus necesidades. Otras pueden haber interpretado durante años sus dificultades como falta de constancia, desorganización o incapacidad para cumplir con las expectativas de los demás.
Según el National Institute of Mental Health (NIMH), el diagnóstico considera aspectos como la presencia de síntomas antes de los 12 años, su duración, su aparición en más de un entorno y la interferencia que producen en el funcionamiento cotidiano.
En la edad adulta, algunas de sus manifestaciones pueden incluir:
- Dificultades de atención: perder el hilo de una conversación, distraerse con facilidad o cometer errores por descuido.
- Problemas de organización: tener dificultades para planificar actividades, administrar el tiempo o completar tareas.
- Olvidos frecuentes: extraviar objetos, olvidar compromisos o dejar pendientes actividades importantes.
- Inquietud: experimentar una sensación interna de agitación o dificultad para permanecer en calma.
- Impulsividad: interrumpir conversaciones, actuar sin considerar suficientemente las consecuencias o tener dificultades para esperar.
La presencia aislada de uno o varios de estos comportamientos no confirma un diagnóstico. Para determinar si existe TDAH, un profesional debe evaluar la historia clínica y personal. También es importante considerar otras condiciones que pueden producir síntomas similares o coexistir con el TDAH, como los trastornos del sueño, la ansiedad, la depresión y ciertas dificultades de aprendizaje.

Comprender el TDAH más allá de los estereotipos
El abordaje del TDAH se adapta a las necesidades de cada persona. Puede incluir medicamentos, psicoterapia, intervenciones conductuales y estrategias para mejorar la organización, la administración del tiempo y el manejo de las responsabilidades cotidianas.
Sin embargo, el TDAH no define por completo la personalidad, las capacidades ni el futuro de una persona. Tampoco puede reducirse a una lista de comportamientos que, fuera de contexto, podrían parecer comunes. Comprenderlo implica reconocer tanto la diversidad de sus manifestaciones como las dificultades que puede producir cuando interfiere con la vida cotidiana.
Hablar del TDAH desde la evidencia científica es una oportunidad para distinguir los mitos de la información clínica, facilitar el acceso a evaluaciones adecuadas y recordar que buscar ayuda no es una señal de incapacidad. Porque entender el TDAH no consiste en etiquetar a las personas, sino en comprender qué experimentan, cómo afecta sus vidas y qué herramientas pueden ayudarlas.


