Stephany Aveleyra, nutrióloga clínica especializada en nutrición funcional, endocrinología, enfermedades autoinmunes e hipotiroidismo, explica que una buena alimentación va mucho más allá de contar calorías.
Su enfoque parte de comprender el funcionamiento integral del organismo para diseñar estrategias personalizadas que ayuden a prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.

Suplementación: no todos los cuerpos necesitan lo mismo
Cuando se habla de suplementación, es común pensar que un mismo producto puede beneficiar a cualquier persona. Sin embargo, Aveleyra enfatiza que los suplementos nunca deben elegirse de forma generalizada ni basándose únicamente en recomendaciones de redes sociales.
Todo comienza en el consultorio, a partir de una evaluación completa que incluye: el historial clínico, estudios de laboratorio y la revisión detallada de síntomas. Estos tres elementos permiten identificar las necesidades reales de cada paciente y determinar si existe alguna deficiencia nutricional o condición que requiera apoyo específico.
Pero el análisis no termina ahí. También es fundamental considerar la composición de cada suplemento, la calidad de sus ingredientes, la dosis adecuada, su biodisponibilidad (es decir, la capacidad que tiene el organismo para absorberlo), las posibles interacciones con otros medicamentos o nutrientes e incluso el horario ideal para consumirlo. Solo así la suplementación puede convertirse en una herramienta realmente efectiva dentro del tratamiento.

La prevención comienza mucho antes de la enfermedad
Aunque la mayoría de las personas acude al consultorio cuando ya existe un problema de salud, el verdadero objetivo debería ser prevenir antes que corregir.
Como explica Stephany, cada enfermedad requiere una estrategia nutricional distinta, basada en los nutrientes, vitaminas y minerales que el organismo necesita para mantener un funcionamiento óptimo. El error más frecuente es esperar hasta que aparecen síntomas importantes para hacer cambios en la alimentación.
El cuerpo suele enviar señales desde edades tempranas. Aprender a reconocerlas y atenderlas oportunamente puede marcar una gran diferencia en la prevención de enfermedades metabólicas, hormonales o autoinmunes.

Aprender a poner límites
También es momento de dejar de ver al nutriólogo con miedo. Llevar una alimentación saludable no consiste en clasificar los alimentos entre “buenos” y “malos”, ni en pensar únicamente cuáles engordan o cuáles ayudan a bajar de peso.
El verdadero cambio está en aprender a construir una relación más consciente con la comida: entender qué alimentos aportan beneficios al organismo, cuáles conviene moderar y cómo incorporarlos de manera equilibrada.
Ponerse límites no significa prohibirse ciertos alimentos, sino aprender a controlar las porciones, identificar el momento adecuado para consumirlos y desarrollar hábitos sostenibles que puedan mantenerse a largo plazo.

3 Hábitos que pueden transformar tu salud
Si Stephany Aveleyra tuviera que elegir únicamente tres cambios que cualquier persona puede implementar para mejorar significativamente su salud, serían los siguientes:
- Hacer ejercicio de forma constante.
- Priorizar un sueño reparador y dormir las horas necesarias.
- Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados o industrializados.
Para concluir, más allá de la alimentación, la especialista recuerda que nuestro estado emocional también influye directamente en la manera en que nos alimentamos.
“Yo creo que no eres lo que comes; muchas veces comes lo que sientes, y dependiendo de cómo te sientas, será la manera en la que te alimentes.” – nos comenta Stephany.
Para Stephany, la nutrición funcional parte de una idea clara: la salud no depende de un solo alimento o suplemento, sino del equilibrio entre la alimentación, el descanso, el movimiento y el bienestar emocional. Comprender esa relación permite construir hábitos sostenibles que favorecen una mejor calidad de vida y una prevención más efectiva de enfermedades a largo plazo.



