Rosalía nunca ha entendido un escenario como un simple lugar para cantar. Durante el Lux Tour, su nuevo espectáculo en 2026, se convierte en una especie de museo en movimiento, donde la música convive con esculturas, pinturas e imágenes que pertenecen a siglos distintos.
Estas son algunas de las referencias que no pudimos dejar pasar:
El aquelarre, Francisco de Goya
Una de las referencias más inquietantes aparece en el universo oscuro de El aquelarre, la obra de Francisco de Goya perteneciente a sus famosas Pinturas Negras.
La pintura representa una reunión de brujas alrededor del Gran Cabrón, una escena cargada de oscuridad, superstición y teatralidad. En LUX, este imaginario parece transformarse en una puesta en escena donde lo ritual y lo sobrenatural adquieren una nueva dimensión.
La conexión resulta especialmente interesante porque Rosalía también juega constantemente con la tensión entre lo sagrado y lo profano, una de las ideas que atraviesan todo el universo del espectáculo.

Bailarina verde, Edgar Degas
El universo de la danza también encuentra su lugar en LUX. La referencia a la Bailarina verde de Edgar Degas conecta el espectáculo con una de las obsesiones más conocidas del impresionista francés: el movimiento del cuerpo femenino.
Degas convirtió a las bailarinas en protagonistas de una extensa parte de su obra, explorando no solo su belleza sobre el escenario, sino también sus gestos, posturas y momentos de preparación.
En el escenario la cantante convierte su propio cuerpo en parte fundamental de la coreografía y utiliza el movimiento como una herramienta más para construir personaje y narrativa.

La Mona Lisa Leonardo da Vinci
Pocas imágenes tienen un peso cultural comparable al de La Gioconda o La Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Precisamente por eso, cualquier guiño a su postura, expresión o composición resulta inmediatamente reconocible.
En LUX, Rosalía se apropia del propio peso cultural de la famosa pintura, para encuadrar su propia iconografía dentro del escenario.

Venus de Milo
La Venus de Milo, una de las esculturas más célebres de la Antigüedad, también encuentra un eco en el espectáculo.
La figura de Venus —símbolo de belleza, deseo y feminidad— ha sido reinterpretada innumerables veces a lo largo de la historia. Rosalía se suma a esa tradición, utilizando códigos de la escultura clásica para construir una imagen que mezcla sensualidad, solemnidad y teatralidad.
El guiño también dialoga con uno de los grandes temas visuales de LUX: el cuerpo femenino como objeto artístico, pero también como sujeto capaz de apropiarse de su propia representación.

Las Meninas, Diego Velázquez
Las Meninas de Diego Velázquez, un cuadro de 1656 rompe con la composición tradicional del retrato. La obra juega con diferentes niveles de perspectiva, pues los personajes miran hacia el espectador. Al mismo tiempo que el mismo Velázquez aparece dentro de la propia escena y el reflejo de los reyes introduce todavía otra dimensión.
En el espectáculo de Rosalía, este tipo de referencias funcionan especialmente bien porque LUX también juega con la idea de quién observa y quién es observado. El escenario se convierte en una pintura tridimensional y Rosalía, al igual que Velázquez en su obra, ocupa simultáneamente el papel de protagonista y creadora de la escena.

Victoria de Samotracia
Quizá una de las imágenes más poderosas para entender el lenguaje corporal de LUX sea la Victoria de Samotracia.
La escultura helenística, conservada en el Museo del Louvre, representa a la diosa griega de la victoria, con las alas extendidas y las vestiduras agitadas por el viento. Es precisamente esa energía de una figura femenina monumental la que Rosalía lleva al escenario. Donde el cuerpo se convierte en una poderosa declaración de fuerza.

El escenario como obra de arte
Entre el imaginario religioso, el barroco, el misticismo y la feminidad, el show construye una narrativa visual basada en algunas de las obras más famosas de la historia del arte aparecen reinterpretadas a través de la estética de Rosalía.
El resultado es una especie de collage histórico en el que Goya puede convivir con Degas, una escultura griega puede encontrarse con una estrella pop y una pintura del siglo XVII puede convertirse en inspiración para una puesta en escena del siglo XXI.


