La Compañía Nacional de Danza (CND) nos invitó a contemplar GRAFÍAS, gala de coreógrafos contemporáneos, una propuesta que transforma el escenario en un archivo sobre el cuerpo.
La gala de verano, presentada en el Palacio de Bellas Artes del 28 al 30 de agosto, reunió tres piezas que trazan distintas geografías de la danza contemporánea: Filament, de la coreógrafa británica Gemma Bond; Volver (Reversa), de la mexicana Melva Olivas; y Gnawa, del reconocido coreógrafo español Nacho Duato. Las dos primeras fueron presentadas como estrenos mundiales, mientras que Gnawa se incorporó al programa después de haber sido estrenada por la CND en 2025.

Tres formas de escribir con el cuerpo
El concepto de GRAFÍAS parte de una analogía con la grafología. Así como el estudio de la escritura manuscrita puede revelar rasgos de personalidad a través de la inclinación, la presión o la velocidad del trazo, el movimiento del cuerpo también puede leerse como un archivo. Durante la gala, logré observar tres lenguajes completamente distintos: tres obras, tres geografías, tres generaciones y tres grafías sobre el escenario.
La primera coreografía, Filament, me llevó a observar el movimiento desde la precisión y la sincronización. Cada gesto parecía estar cuidadosamente trazado sobre el escenario, acompañado por el sonido de las cuerdas. Su coreógrafa, Gemma Bond ha creado piezas para compañías como American Ballet Theatre, Atlanta Ballet, Washington Ballet y Ballet Nacional de Cuba. Frente a mí, la experiencia de Bond se observaba en el rigor de cada trazo, cada vuelta y salto.

En Volver (Reversa), de Melva Olivas, encontré una aproximación a la danza mucho más alejada de la sincronizidad de Bond. La coreógrafa, originaria de Hermosillo, explora desde la danza contemporánea las posibilidades del cuerpo, el espacio y la improvisación. Y el estreno de su nueva pieza, no fue la excepción.
Volver, evoca la memoria y la introspección a través de una historia que se desarrolla en reversa, de un extremo al otro del escenario. La audiencia presencia un rewind corporal, donde el tiempo se escribe de derecha a izquierda mientras los bailarines reconstruyen sus movimientos al compás de la música techno. Durante este fascinante experimento, el cuerpo se convierte así en una especie de archivo colectivo sobre la corporalidad.

Por su parte, Nacho Duato, una de las figuras fundamentales de la danza contemporánea internacional, propone en Gnawa un trazo marcado en el que la tradición y la contemporaneidad conviven.
En esta pieza, quede asombrada de cómo el cuerpo se mueve al ritmo de la música marroquí, mientras cada movimiento se convertía, a su vez, en parte de la melodía. Dentro de la coreografía se percibe un ritual con velas y baile; una conversación entre la fuerza del cuerpo, el ritmo y la sensibilidad del Mediterráneo.

Una mirada contemporánea a la danza
Me pareció especialmente significativo encontrar a la CND explorando un programa dedicado a la danza contemporánea y a la diversidad de lenguajes coreográficos. Además, la gala nos permitió acercarnos al proceso creativo detrás de cada uno de sus montajes.
Al final, GRAFÍAS fue una presentación que trascendió en mi ,aún fuera del escenario. Pues estas coreografías pasan a convertirse en una gestualidad cultural y en una nueva mirada geografía sobre la danza contemporánea.
Bajo el telón de cristal del Palacio de Bellas Artes, cada bailarín y cada coreógrafo dejó su propio trazo sobre el escenario. Y nosotros, como espectadores, tuvimos la oportunidad tanto de observarlo como de leerlo.


